El último tramo del año se caracteriza por los buenos propósitos pos-estivales, la vuelta a la rutina, el festejo de fiestas-foráneas-que-molan importadas de otras latitudes (es que ya festejamos hasta Thanksgiving Day) y los preparativos para Navidad, Año Nuevo y Reyes que comienzan cada vez más pronto.

Uno sale de la modorra y el sopor del verano y se sumerge en un sin vivir de preparativos, fiestas infantiles, tareas de última hora en el trabajo, eventos sociales, gastos varios (y altos), Black Friday, anticipos del corte inglés, correcorre-que-no-llegamos, amigo invisible y por supuesto la búsqueda del regalo perfecto.

Porque si algo caracteriza a estas fechas son los regalos.

Algunos regalan en nombre de Papá Noel, otros en nombre del Niño Jesús y otros tantos en nombre de Los Reyes Magos. Sea cual sea el remitente el regalo tiene que ser especial. O al menos esa es nuestra intención inicial que va mutando con el correr de los días a un estrés consumista sin ton ni son que culmina con una compra desesperada a última hora y que pone de moda cosas como los Ugly Sweaters o los calcetines con patitos.

La verdad es que regalar es todo un arte. Y como todo arte que se precie nos confronta con uno mismo. Porque quieras o no, te hace preguntar cuán grande o pequeño es el conocimiento que tienes acerca de la persona a agasajar. Y eso, mis amigos, dice mucho de ti.

Porque con el regalo no solo estas cumpliendo con una tradición, una costumbre o un gesto amable. Con el regalo le estás diciendo al otro algo mucho más profundo de lo que quisieras. Le estás diciendo lo importante o no que es para ti. Sea eso, mucho o poco.

El universo de los regalos esta dividido en dos tipos de personas a saber: los que se lo curran y los que no.

En el primer grupo se encuentran aquellos que son artesanos del mensaje a dar con su obsequio. Son los que hacen un estudio de campo de la persona a quién se va a halagar.
Son los que van siguiendo el rastro de migas de información que vamos dejando con o sin intención cual Hänsel y Gretel.
Son los que no desperdician oportunidad para escuchar cada uno de tus deseos.
Son los que encargan tu regalo con meses de antelación.
Son los que ahorran para poder comprarte aquello que pediste.
Son los que conocen tus colores favoritos, tus hobbies, tus mañas, tu estilo, tus deseos más profundos, si me apuras.
Son los que conocen tus autores, músicos y artistas favoritos.
Son los que revisan tu biblioteca, sin que te des cuenta, antes de comprarte el libro que saben que necesitas leer. Porque lo saben mejor que tu.
Son los que hacen un diagrama de flujo antes de elegir que regalarte.
Son los que te conocen mejor que tu mismo. Porque este tipo de personas son verdaderos artistas en el arte de regalar. Y nunca fallan. Tengan o no tengan dinero.

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Luego, están los del segundo grupo. Estos se subdividen en los que tienen pasta y en los que no. Los primeros hacen un recuento mental breve y fugaz del mínimo conocimiento que tienen sobre ti (si están inspirados) y van y te compran lo más caro de su lista. O bien, te compran algo caro, que poco tiene que ver contigo, pero mola tanto que terminará por gustarte. Éxito asegurado y con poco o nada de esfuerzo en ambos casos.

Los que no tienen pasta van y te regalan aquello que entra dentro de su escueto presupuesto y les importa un pimiento si te gustará o no (ni siquiera viene con ticket regalo). Ley del mínimo esfuerzo. Lo que importa es cumplir con los cánones sociales. Y chim pum.

Pero en este universo fragmentado, ambos grupos desean en lo más profundo de su fuero interno, tímidamente y en silencio una sola cosa al darte el regalo: Ser Originales.

Algunos lo logran gracias al esfuerzo y el trabajo bien hecho de investigación que hay detrás de su obsequio. Otros lo consiguen por pura casualidad o alineación planetaria favorable. Y otros, con la eficacia que tiene una buena Mastercard tamaño XL.

Porque hasta el más apático de los mortales, al momento de entregarte ese resplandeciente y colorido paquete con brillante moño desean una sola cosa. Quedar bien ante la audiencia que te festeja. Porque seamos sinceros, les puede dar igual que te guste o no aquello que te han regalado. Lo que les importa verdaderamente es que los demás vean lo originales que han sido. Quieren fama.

Después de este breve estudio de los arquetipos de regaladores que existen, seguramente te encuentras en uno de los grupos.

Ahora que tienes claro tu perfil te ayudaremos a superarte en el arte del obsequio

Al momento de tomar las riendas de la planificación y listar a aquellas personas a las que queremos (o tengamos) que hacer felices con nuestros regalos, y también, por qué no, inflar nuestro maltrecho ego siendo un poquito originales.

La fórmula para el regalo perfectos es:

amor + tiempo + organización = Regalo Perfecto

Amor: Porque el cariño hay que ponérselo a todo. Y aunque hayas tenido la mala suerte de que te toque el detestable de la oficina como amigo invisible (a veces el detestable y tu jefe viene siendo la misma persona), el amor lo pones en ti. Porque como se ha dicho al comienzo, un buen regalo dice más del remitente que del destinatario. Y si tu regalo ha conseguido ser original el protagonismo lo tendrás tú y serás la heroína o héroe de la oficina al sortear semejante dificultad de una forma tan admirable. Reverencias y reverencias por semanas.

Tiempo: Hay que dedicar tiempo en hacer un buen obsequio. Tiempo para pensar qué mensaje queremos dar. Porque el tiempo que le dediquemos a la elección, búsqueda y compra del regalo en cuestión, se reflejará en la expresión que ponga aquél a quien intentamos halagar.

Organización: Porque los minutos no sobra por estas fechas. Y la mejor forma de salir airoso de esta época tan estresante es gracias a la bendita organización. Elige a quién vas a regalar (si, has una criba infernal) y lístalos. Al lado del nombre pon 3 opciones de regalo, lógicamente, que entren dentro de tu presupuesto y a la que le hayas aplicado los puntos número 1 y 2 antes explicados. Elige un día o dos (dependiendo de la magnitud de tu lista de gente y/o mascotas) y con tu centellante lista en la mano ve y cumple con tan honorable misión.

Ya ves que lo de regalar y ser originales al hacerlo puede ser una tarea de lo más gratificante si cuentas con estos tres elementos.

¿Y tú, a que grupo de regaladores perteneces?